Restaurante El Cangrejo Loco Port Olimpic

Año
2025
Localización
Port Olímpic, Barcelona
El restaurante se ubica en el Moll de Gregal 29-30 de Barcelona, una caja de vidrio frente al mar situada entre el Puerto Olímpico y la playa Nova Icaria. Con una superficie de 710m² de interior y 164m² de terraza, el local ocupa una posición privilegiada desde donde puede contemplarse el frente de la ciudad de Barcelona cuando llega al mar, con Badalona, el Maresme y la Costa Brava al fondo. El acceso se realiza desde el muelle de Gregal, que se ha convertido en un paseo habitual de los ciudadanos que va desde el parque del puerto olímpico hasta el espigón de Poblenou. Una localización que recuerda que la ciudad de Barcelona es una población relacionada con el mar, el mar Mediterráneo, con una historia y una cultura propia que constituyen un atractivo indiscutible.

El programa del proyecto responde al común de cualquier restaurante: la cocina, el comedor y todos los espacios complementarios. En este caso, la cocina y el comedor ocupan gran parte del perímetro del local, de tal manera que la cocina es lo primero que se ve cuando nos aproximamos al restaurante. Las ollas y las paellas sobre los fogones de la isla central, donde se elaboran los fumets y se cocinan los arroces, pueden verse desde el exterior del local, dando una idea del tipo de comida que se sirve: una cocina tradicional, mediterránea.

La entrada al restaurante está en un extremo, una vez ya se ha recorrido todo el frente del local que da al paseo del muelle de Gregal. Este alzado es bien sencillo; tras el cerramiento de vidrio se encuentra una pared ciega revestida con cerámica azul. El pasillo entre la fachada de vidrio y la pared da acceso a las cámaras frigoríficas, vestuarios y aseos. Un espacio tipo zaguán precede a la entrada al local, donde el paseante se detiene para revisar la carta, se refugia de la lluvia o del calor, o se encuentra con otros antes de entrar al comedor. Desde el zaguán se accede al comedor pasando previamente frente a un espacio donde se exhibe el pescado fresco listo para el consumo, una muestra de la excelente calidad de la materia prima que se ofrece al comensal.



La sala del comedor se abre al mar, ocupando todo el frente orientado hacia la playa y hacia el horizonte donde se unen el mar y el cielo. Un espacio único, sin compartimentaciones, un espacio despejado donde el comensal puede disfrutar de unas vistas sin igual de ese mar, a veces en calma y otras embravecido, y donde la celebración de la comida se hace en comunidad.

Lo esencial del proyecto es la relación del espacio del comedor con el mar. La vista está asegurada, pues todo el cierre del local es acristalado. Sin embargo, esta visión hacia el exterior no es de 360º. La pared interior que separa el comedor de las zonas de almacenaje es un patchwork de tableros chapados en madera teñida en diferentes tonos azules, una composición que pretende situar al comensal entre dos mares, el real y el abstracto.



El techo, formado por una secuencia de bóvedas que entregan contra el cerramiento de vidrio, hace de marco de la vista hacia el exterior. El arco permite alojar una iluminación lineal indirecta sobre la bóveda, quedando la fuente de luz completamente invisible y la bóveda sutilmente iluminada de forma muy discreta. El confort acústico se consigue habiendo proyectado todo el techo con un material fonoabsorbente. El suelo es una tarima de madera, lo que también ayuda a alcanzar el confort acústico, al igual que la mantelería y el tapizado de los bancos.
La simplicidad de las ideas principales que definen el proyecto es lo que podría alabarse de esta intervención: simplicidad en la distribución, en los materiales, en el mobiliario y en la iluminación.